Megáfonos atronadores, láseres militares y cañones de agua: la nueva Muralla China, pero en el mar

NUEVA YORK.- Incluso a esa hora antes del amanecer, frente a nuestro barco se distinguía la silueta de la base militar china de Mischief Reff, frente a la isla filipina de Palawan.

Los radomos, utilizados para vigilancia militar, parecían flotar en el aire como cumulonimbos. Los reflectores de la base apuntaban hacia la pista de aviones de combate, con el apoyo de galpones ideales para el acopio de misiles tierra-aire. A casi 2000 kilómetros de China Continental, en un área del Mar de la China Meridional que un tribunal internacional determinó inequívocamente que no pertenece a China, nuestros celulares sonaron al recibir un mensaje: “Bienvenidos a China”.

El proceso de militarización marítima más flagrante y descarado del mundo es cada vez más fuerte en aguas por donde pasa un tercio del comercio global. Aquí, en estas aguas de arrecifes conocida como “Terreno Peligroso”, el Ejército Popular de Liberación de China (EPL), ha fortificado un archipiélago de bases de operaciones de avanzada que le han puesto la marca china a pesar de no tener el menor asidero legal internacional. La Marina, la Guardia Costera, y una flota de pesqueros de arrastre conforman una milicia que enfrenta a otras embarcaciones, civiles y militares por igual.

La creciente presencia militar de China en aguas donde durante mucho tiempo predominó la flota de Estados Unidos está agudizando la posibilidad de un enfrentamiento entre superpotencias, y justo cuando las relaciones bilaterales se encuentran en su peor momento. Y mientras China desafía un orden de seguridad impulsado por Occidente y que rigió durante casi ocho décadas, los países de la región dudan cada vez más del compromiso de Estados Unidos con el Pacífico.

Si bien Estados Unidos no tiene reclamos territoriales sobre el Mar de la China Meridional, mantiene pactos de defensa con socios asiáticos, como Filipinas, que podrían obligar a las tropas norteamericanas a movilizarse a esas aguas. Así como la preocupación por la vecina Taiwán está en el centro del deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y China, el Mar Meridional de China ofrece otro escenario para una disputa donde ninguna de las partes está dispuesta a mostrarse débil. Para colmo, los diplomáticos y oficiales militares chinos tienen cada vez menos injerencia en las decisiones, en momentos cuando una comunicación más abierta serviría para calmar tensiones.

El armamento desplegado por Pekín en el Mar de la China Meridional también ha obligado a los pescadores del sudeste asiático a abandonar las zonas de pesca de las que depende su subsistencia desde hace generaciones. Y eso genera enorme presión interna sobre los gobiernos de esos países.

“Les dije a los chinos que su liderazgo habla de prosperidad compartida, pero lo que están haciendo deja claro que nos toman por estúpidos a los que puede engañar e intimidar’”, señala Clarita Carlos, que hasta enero se desempeñó como asesora de seguridad nacional de Filipinas. “La interconexión de los océanos deberían ser patrimonio común, y deberíamos trabajar con científicos marinos de todas las naciones para luchar contra el verdadero enemigo: el cambio climático”.

Por el contrario, dice Carlos, “los chinos están construyendo bases militares en islas artificiales y trayendo armas al mar”.

Durante cuatro días de navegación a través de los peñascos, arrecifes e islotes llamados “Spratlys”, situados dentro del “Terreno Peligroso”, los periodistas de The New York Times comprobaron hasta qué punto la proyección del poderío chino ha transformado esta parte disputada del Océano Pacífico. Hacía más un siglo, desde que Estados Unidos se embarcó en su propia campaña de militarización a gran escala y llevó a sus fuerzas armadas al predominio sobre el Pacífico, que el panorama de seguridad de la región no se alteraba de manera tan significativa.

De no mediar una guerra, cuesta imaginar que Pekín vaya a disminuir su presencia armada en el Mar de China Meridional. Hoy China defiende sus afirmaciones de “soberanía indiscutible” con bases militares que ya están construidas y con sus buques ya desplegados.

Esa postura quedó en evidencia en mayo, cuando el pequeño barco alquilado por el Times pasó a dos millas náuticas de Mischief Reef.

Un remolcador de la marina del EPL que se encontraba en las cercanías no logró detenernos, tal vez debido a la temprana hora de la mañana. Pero a medida que nos acercábamos a la base militar china, el remolcador, que tenía aproximadamente 2,5 veces el tamaño de nuestro barco, aceleró el motor para llegar hasta nosotros, encendió sus reflectores e hizo sonar repetidamente su sirena. Por radio nos dijeron que habíamos invadido aguas territoriales chinas…

Nuestro barco era de bandera filipina y un tribunal internacional convocado por la Corte Permanente de Arbitraje dictaminó en 2016 que Mischief Reef era parte de la plataforma continental y zona económica exclusiva de Filipinas. China ha ignorado ese fallo. En un intercambio de radio dijimos que teníamos permiso de navegar en esas aguas.

El remolcador del EPL respondió con más descargas de sirena, un ataque sónico tan penetrante que lo sentimos reverberar en el cuerpo. Luego, con los reflectores cegándonos de frente, el remolcador del EPL se abalanzó sobre nosotros hasta acercarse a casi 20 metros de nuestra pequeña embarcación, en clara violación del protocolo marítimo internacional, según los expertos marítimos.

Cuando amaneció, pudimos ver tanto las fortificaciones de Mischief Reef como una serie de embarcaciones chinas acercándose desde diferentes direcciones: media docena de barcos militares y una corbeta naval recientemente encargada y diseñada para transportar misiles antibuque. El remolcador de la marina también se mantuvo en las inmediaciones.

Ya en el pasado buques de la guardia costera y de la milicia chinas han embestido, bombardeado con cañones de agua y hundido embarcaciones civiles en el Mar de la China Meridional. En 2019, por ejemplo, 22 pescadores filipinos quedaron flotando durante seis horas entre los restos de su barco, tras recibir el embate de un barco de la milicia china.

Pero el peligro también se extiende a los cielos. En mayo, un avión de combate chino pasó rasando el morro de un avión de reconocimiento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que volaba a través del espacio aéreo internacional sobre el Mar de China Meridional, reproduciendo un hecho similar ocurrido en diciembre pasado, cuando un avión caza chino se acercó a 20 pies de una aeronave norteamericana.

Zhou Bo, coronel retirado del EPL y actual investigador del Centro para la Seguridad y Estrategia Internacionales de la Universidad Tsinghua, Pekín, dice que Estados Unidos y los países con reclamos sobre ese sector deberían aceptar el argumento de China de que ese territorio es suyo.

Las fuerzas chinas hostigan sistemáticamente a los barcos de la guardia costera filipina que intentan llegar hasta a un pequeño contingente de marines filipinos que cumplen servicio en Second Thomas Shoal, que al igual que el cercano Mischief Reef, también se encuentra dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas.

En febrero, un barco de la guardia costera china apuntó un láser de grado militar a un barco de la guardia costera filipina que intentaba reabastecer a los marines de Second Thomas, cegando temporalmente a algunos marineros, según la versión oficial de Filipinas. El mes pasado, la guardia costera china también disparó cañones de agua de alta potencia contra los barcos de reabastecimiento. En ambos casos, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino se justificó diciendo que los barcos filipinos estaban violando la soberanía territorial china, obligándolos a intervenir.

Cuando salimos de Mischief Reef, con los barcos chinos todavía pisándonos los talones, vimos la desigual competencia que tiene la base filipina de Second Thomas. En 1997, superada en personal y recursos, Filipinas hizo encallar un viejo barco de la Segunda guerra en un banco de arena y allí creó una base improvisada desde la cual sus soldados podían defender las aguas filipinas.

Con el viejo barco de guerra abandonado a lo lejos, pudimos ver cómo el mismo barco de la guardia costera filipina que había sido apuntado por el láser militar era flanqueado por un par de barcos de la guardia costera china que lo duplicaban en tamaño. La disputa continuó por radio…

Dado que han ignorado nuestra advertencia, tomaremos las medidas necesarias de acuerdo con la ley”, dijo el guardacostas chino. “Y ustedes se harán cargo de las posibles consecuencias.”

“Venimos a entregar alimentos y otros artículos de primera necesidad a nuestra gente”, respondió la parte filipina.

A duras penas, el barco filipino logró llegar para reabastecer a sus marines, pero ese enfrentamiento entre David y Goliat de repite todas las semanas, al igual que la siniestra posibilidad de que ocurra un irremediable error de cálculo.

Por Hannah Beech

Traducción de Jaime Arrambide

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