Capacitación: cómo formar líderes para la era de la crisis permanente

El mundo corporativo necesita periódicamente savia nueva, nuevos directivos y ejecutivos que sepan analizar los cambios y adaptarse a las necesidades de los consumidores. Cuando les falta alguien con este perfil, las empresas que configuran la oferta de productos y servicios que dibujan nuestro paisaje tienen claro donde ir a buscarlo: a las escuelas de negocios, el lugar donde se forma la élite empresarial. Estos centros surgieron en el siglo XIX, cuando en plena revolución industrial había que encontrar profesionales que supieran dirigir empresas y gobernar el capitalismo que se iba construyendo en paralelo a las democracias.

Harvard Business School no fue la primera, pero sí cuenta con una larga historia: se fundó en 1908. En España, una de las primeras escuelas de negocios y la primera que creó un programa de dos años de máster en Administración de Empresas (MBA, por sus siglas en inglés), fue la escuela de IESE en Barcelona, y para hacerlo se inspiró y se apoyó en la escuela de Harvard. El País mantuvo una charla con el decano del centro americano, Srikant Datar, y con el director general del centro barcelonés, Franz Heukamp, en el marco de la celebración del 60º aniversario de esta alianza.

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El mundo ha cambiado mucho desde que hace seis décadas empezó esta colaboración, y también han cambiado tanto las corporaciones como el perfil de los estudiantes que acuden a estas escuelas de negocios. Periodos de crecimiento, guerras y crisis como la financiera de 2008 o la sanitaria de 2020 han tenido un importante impacto, así como la transformación digital y la conciencia cada vez mayor en asuntos como la emergencia climática o la responsabilidad social. Ahora, con la guerra en Ucrania y la inflación, se abre uno de esos periodos de incertidumbre que inquietan a las compañías, aunque también representan oportunidades de negocio.

“Es interesante, porque la mayoría de los directivos hace mucho tiempo que no tienen experiencia en gestionar la inflación. La incertidumbre seguirá y habrá que ver si se consigue un aterrizaje suave, pero creo que las compañías han reaccionado bien”, apunta Datar, y extiende esta valoración también al sector tecnológico: “Hasta en las compañías que proyectaron un gran crecimiento que no tuvieron, como el sector tecnológico, donde se han hecho muchos recortes de personal, la gestión ha sido excepcional, y creo que es porque la tecnología en sí misma está ayudando mucho. Por ejemplo, a analizar mejor cómo son las cadenas de suministro y a ser más flexibles”. Heukamp invoca uno de los vocablos más usados en los últimos meses: “permacrisis”, la crisis permanente: “Creo que con la covid muchos directivos se enfrentaron a la mayor crisis de su vida, y ahora estamos en una “permacrisis”. Los altos directivos no es que se estén acostumbrando, pero sí que se adaptan y van ganando experiencia. La presión de la incertidumbre la siente más la población en general, que no ve perspectivas muy buenas”.

Ante esta situación, ¿cómo deben ser los directivos y ejecutivos? Heukamp cree que en tiempos de incertidumbre lo más necesario es la comunicación: “Como hay incertidumbre, tienes que reaccionar rápido, pero a la vez infundir calma, para que la gente confíe en que lo que explicas de la compañía es lo que realmente está pasando”, dice Datar, quien no cree que se deban confiar las decisiones o los análisis solo a la tecnología: “Hay que mantener un balance entre el aspecto humano y el tecnológico”.

El aspecto humano y ético en las corporaciones es algo que, afirman ambos, cada vez tiene más importancia, y lo ven en los estudiantes de sus programas. “Los participantes entienden que los negocios tienen una gran fuerza, y que tienen que llevarse a cabo de la manera correcta, están preocupados por el impacto de su trabajo en el mundo, ciertamente más que en tiempos pasados”, explica Heukamp.

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Precios y becas

Pero estos líderes, ¿de dónde salen? Con los precios de los programas de las escuelas de negocios —99.500 euros para el MBA de dos años a tiempo completo en IESE, o unos 75.000 dólares por curso para su equivalente en Harvard—, ¿no se corre el riesgo de que la élite se nutra solo de personas con recursos? “No siempre lo conseguimos, pero dedicamos mucho presupuesto a becas, porque queremos que los mejores estudiantes y los más brillantes vengan independientemente de sus recursos económicos”, apunta Heukamp.

El decano de la Harvard Business School concluye que todos los esfuerzos por dar oportunidades son pocos: “El talento está mucho mejor repartido en el mundo que las oportunidades. En mi propio caso, podría haber nacido a 20 kilómetros de donde nací en la India, y no hubiese sabido ni que existía la escuela de Harvard, tuve esa oportunidad. Luego hay que trabajar duro, nada sustituye esto, pero sí que debemos crear oportunidades para quien sea y donde sea, es lo correcto y da ventaja a nuestro aprendizaje”.

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