La contraofensiva de Ucrania no está funcionando y las esperanzas de una victoria máxima son cada vez más remotas

WASHINGTON.- Todos sabían que la contraofensiva de Ucrania contra las posiciones rusas sería dura y difícil, pero no tan difícil como finalmente resultó ser. Tras más de dos meses de guerra de desgaste en la interminable línea de frente que atraviesa el país de este a sur, las fuerzas de Kiev todavía no han logrado un solo gran avance. Y si bien le están cobrando un alto precio al invasor ruso, también han sufrido bajas significativas y su contraofensiva se ve trabada por la profusión de campos minados, trincheras y fortificaciones de las fuerzas del Kremlin. Sin importar los miles de millones de dólares de ayuda occidental que se invirtieron en los preparativos, los resultados de la contraofensiva ucraniana para recuperar territorio perdido han sido mínimos, metro a metro.

Debido a esas dificultades, los servicios de inteligencia de Estados Unidos llegaron a la conclusión de que la contraofensiva ucraniana no logrará cumplir con al menos uno de sus objetivos claves: alcanzar la crucial ciudad sudoriental de Melitpol, en el óblast de Zaporiyia. De confirmarse, “eso implicaría que la contraofensiva de este año no habrá cumplido con el principal objetivo de Kiev: cortar el puente terrestre que une Rusia con Crimea”, señalaron los periodistas John Hudson y Alex Horton.

Melitopol, donde se cruzan dos importantes rutas y una línea férrea, es considerada la puerta de entrada a Crimea. La recaptura de la ciudad le complicaría al Kremlin el abastecimiento y el envío de refuerzos a la península y sería un golpe desmoralizador para sus fuerzas, además de generarles un sinfín de problemas logísticos y de abrirle la puerta a las fuerzas ucranianas para incursionar más a fondo en Crimea, que Moscú se anexó ilegalmente en 2014.

Los funcionarios de Ucrania, incluido el presidente Volodimir Zelenzky, insisten en que sus tropas recuperarán hasta el último centímetro cuadrado de territorio ocupado, incluida Crimea. Públicamente, los políticos y diplomáticos de Occidente han abrazado esa idea y repiten que sus gobiernos seguirán apoyando a Ucrania el tiempo que haga falta. En privado, sin embargo, tienen un panorama más sombrío y escéptico, y muchos funcionarios ven pocas perspectivas de que Ucrania logre expulsar por completo al invasor ruso.

Las nuevas evaluaciones de la inteligencia norteamericana reflejan un creciente consenso, del que poco se habla en voz alta. El viernes, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, intentó restarle importancia a las especulaciones. “En el transcurso de estos dos años, hemos escuchado todo tipo de análisis de distinta procedencia sobre cómo se desarrollaría la guerra”, declaró Sullivan en Camp David, antes de la cumbre con

Japón y Corea del Sur convocada por Estados Unidos. “Y a medida que la dinámica del campo de batalla fue cambiando, también hemos visto como esas predicciones se iban modificando.”

Pero los funcionarios norteamericanos y europeos son cada vez más cautos sobre las expectativas de éxito de la contraofensiva ucraniana. “Hace un par de meses dije que esta ofensiva sería lenta, larga y sangrienta”, declaró la semana pasada el jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano, el general Mark A. Milley. “Y es exactamente lo que está siendo: lenta, larga y sangrienta, una lucha muy, muy complicada.”

“Antes de enviar a nuestras fuerzas de reserva tenemos que asegurarnos de despejar el camino”, declaró la semana pasada el ministro de Defensa ucraniano, Yuriy Sak. “Preferimos ir despacio para estar seguros de cuidar la vida de nuestros soldados.”

Un análisis publicado por el Instituto de Estudios de Guerra señala que “es prematuro sacar conclusiones generales sobre una contraofensiva que se está dando en varias líneas de frente y que avanza hacia varios objetivos distintos.”

Pero la guerra también se está intensificando en lugares alejados de esas líneas de frente. Mientras Ucrania redobla sus ataques con drones sobre territorio ruso, Rusia sigue con su campaña de indiscriminados ataques sobre áreas civiles ucranianas. El sábado, en un ataque ruso a una plaza pública en la ciudad norteña de Chernihiv murieron siete personas, incluido un niño. Zelensky, que se encontraba de viaje por el norte de Europa en busca de más ayuda militar, prometió “una respuesta tangible”.

La complejidad de la actual situación fue admitida de manera inusualmente honesta. Stian Jenssen, alto funcionario de la OTAN, causó indignación entre los ucranianos tras haber sugerido en un evento público en Noruega que podía entrever un escenario donde Ucrania era recibida en la alianza atlántica si aceptaba hacer algunas concesiones territoriales a Rusia.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, de quien Jenssen en jefe de gabinete, tuvo que contradecir a su subordinado. “Son los ucranianos y solo los ucranianos quienes deben decidir cuándo están dadas las condiciones para negociar, y en ese mesa de negociación decidir la solución que les resulte aceptable”, dijo Stoltenberg, haciéndose eco del discurso que repiten los funcionarios occidentales cuando les preguntan sobre el resultado final en Ucrania.

Incertidumbre

Sin embargo, hablar del final de esta guerra sigue siendo pura fantasía. Hasta el momento, los rusos no han concretado ningún compromiso con negociaciones de buena fe. “No hay nadie que esté considerando o discutiendo seriamente poner fin a la guerra por la vía diplomática, porque la noción misma de esa posibilidad representa una amenaza personal para muchos rusos de alto perfil, dados los crímenes de guerra que su país ha cometido y la responsabilidad que ahora tiene toda la élite por la carnicería en Ucrania”, escribió Tatiana Stanovaya en la revista Foreign Affairs, en referencia a la opinión que tiene consenso en la cúpula del Kremlin.

“En algún momento, para que haya paz en Ucrania habrá que involucrarse en negociaciones con Rusia”, escribió en un ensayo reciente la académica Constanze Stelzenmüller, de la Brookings Institution. “Pero dada la actitud implacable del Kremlin, sus ofertas de negociación tendrían muy bajo nivel de credibilidad. Un armisticio basado en congelar el actual statu quo, bajo la forma de una ocupación rusa permanente de Crimea y el Donbass, sería recompensar a Putin por su agresión armada y lo único que lograría sería poner en pausa temporalmente las hostilidades.”

Para evitar “el riesgo de que el final de la guerra se convierta nada más que en un interregno entre dos guerras”, concluye Stelzenmüller, “lo único que puede satisfacer los intereses de seguridad de Ucrania y, de hecho, los de la alianza atlántica occidental, es una garantía clara y sólida: un camino constructivo e idealmente corto para que Ucrania ingrese a la OTAN y a la Unión Europea.”

Para Ucrania, una victoria diplomática total podría ayudar a compensar la ausencia de una total victoria militar.

Por: Ishaan Tharoor

(Traducción de Jaime Arrambide)

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