La política en ebullición

En las elecciones primarias y generales de 2021 se batió el récord de abstención en la historia electoral de la democracia restaurada en 1983. Hubo más abstención que en 2001. Hoy, uno de los problemas de los encuestadores cuando tienen que indagar a la opinión pública es que muchísima gente no los recibe. O corta el teléfono, no quiere hablar del tema, no admite involucrarse. Es un problema para hacer encuestas. Es un rechazo que hace juego con el comportamiento electoral.

Cristina Kirchner dijo hace un par de semanas que el objetivo es entrar al ballotage. Si es ella es quién está diciendo que el objetivo del Frente de Todos es entrar al ballotage, quiere decir algo probablemente inconcebible: que el peronismo podría no entrar al ballotage, podría salir tercero. Gerardo Morales, por su parte, dijo que Juntos por el Cambio viene cayendo en picada.

Es decir, frente a una corriente de rechazo, que es la que se manifestó en los niveles de abstención de hace dos años, y se manifiesta en esa retracción del público ante los encuestadores, las dos fuerzas políticas más importantes de la Argentina están enredadas en sus propias polémicas. Y, probablemente, en la exhibición de esas polémicas refuercen la tendencia al desapego o alimenten el discurso anti-político de candidatos como Javier Milei.

Es natural que la política sea conflictiva cuando se están decidiendo candidaturas. No es sólo natural, es saludable. Pero es natural y es saludable si esos conflictos pueden ser traducidos en términos de intereses generales, de valores y de objetivos a los que pueden ser convocados los ciudadanos detrás de esas posiciones en pugna. El problema aparece cuando entre esas peleas, y la sociedad a la que la política pretende representar, existe una ruptura.

En ese caso, la democracia con sus rituales, entre los cuales está como uno fundamental la vida interna de los partidos empieza a debilitarse. Es obvio por qué hay que pensar en esto. Porque en el día de hoy aparece una crisis en Juntos por el Cambio, con motivo de una iniciativa de Horacio Rodríguez Larreta: la idea de una nueva transversalidad. La idea de armar una nueva configuración, un nuevo sujeto político, que es distinto del Juntos por el Cambio o del Cambiemos que conocimos hasta ahora. Para eso Larreta pretende incorporar a un sector del peronismo, que está encarnado en Juan Schiaretti, pero que tiene además a otras figuras, como Diego Bossio, Florencio Randazzo. En cambio, otro clásico miembro de ese peronismo, como Juan Manuel Urtubey, se separa de ese grupo.

Para entender esta idea se podría recurrir a cosas que ha venido diciendo Larreta en los últimos años. Se podría también releer un texto publicado por Juan Carlos Torre en LA NACIÓN el 5 de febrero. Se llama “Meditaciones en las vísperas” y habla justamente de esta idea de armar una nueva transversalidad que termine la era de la polarización que dominó la Argentina durante muchos años. Larreta propone incorporar a Schiaretti a Juntos por el Cambio, y aparece una resistencia, sobre todo de parte de Patricia Bullrich, y de sus aliados en la interna del Pro. Bullrich se niega. Macri, que es un gran socio de Bullrich, también se niega. Otros protagonistas de la vida interna de Juntos por el Cambio, como Ricardo López Murphy, también se niegan. En cambio, Elisa Carrió y la conducción del radicalismo, encarnada por Gerardo Morales, que a su vez es candidato a presidente, adhieren a la posición de Larreta.

Pareciera que a esta altura Juntos por el Cambio estuviera mal diseñado. Como si la divisoria en la interna de JXC no reflejara la realidad política. Hay más afinidades, en este y en otros temas, entre Larreta, los radicales y Carrió, que entre Larreta y sus compañeros del Pro. Esto expresa un conflicto conceptual, respecto de cómo deben hacerse las reformas en las que están todos de acuerdo. Ese conflicto conceptual tiene que ver con un problema que atravesó a todo el gobierno de Macri. Si uno mira los cuatro años de Mauricio Macri, hay una discusión política no saldada: qué se hace con el peronismo no kirchnerista. Esa discusión reaparece ahora con esta propuesta de Larreta.

Los argumentos son de todo tipo. Hay que recordar algo básico de la política: los políticos responden al contexto. ¿Coherencia intertemporal? Casi no hay que pedírselas. Le dicen a Larreta cómo es que trae a Schiaretti, si Schiaretti votó en contra de la ciudad de Buenos Aires en la cuestión de la coparticipación que le sacó el Gobierno. Y Larreta dice: bueno, eso fue antes ahora está pensando en otras circunstancias. Desde el lado de Larreta le recuerdan a Macri que él fue amigo de Schiaretti hasta hace apenas un mes y medio. Y empiezan a exhumar anécdotas desconocidas, como que hubo una reunión en el año 2019, en la que aparentemente Macri le habría ofrecido a Juan Schiaretti ser su candidato a vice antes de ofrecérselo a Miguel Pichetto. Esa reunión se habría realizado en la casa de un empresario amigo de Macri.

Cambió el contexto, cambió la lógica del poder, no hay que pedir razones sobre lo que pasó en el pasado. Lo explicó Cristina Kirchner cuando dijo que los agravios en política vencen a los seis meses.

Aquí hay otro problema, no es el problema de si Schiaretti sí o Schiaretti no, sino el procedimiento para la incorporación. Los rivales de Larreta lo ven como una imposición. Algo parecido a lo que pasó con el sistema electoral adoptado para la interna de la ciudad de Buenos Aires.

La incorporación de Schiaretti plantea dos problemas. El primero es si será verdad lo que piensa Bullrich ¿Será verdad que a ella no le sirve que entre Schiaretti a Juntos por el Cambio? ¿O Larreta se equivoca respecto de sus propios intereses? Si Schiaretti entrara en Juntos por el Cambio, como candidato a presidente, ¿le quita votos a Bullrich o le quita votos a Larreta, de esos peronistas desencantados que él pretende conquistar y que ahora tendrían a un peronista, más nítido que lo que puede ser Larreta como candidato de Pro?

El segundo problema, que es el que desata buena parte de la agresividad que tiene toda esta cuestión, es qué hacer con Córdoba. Porque Córdoba tiene elecciones 24 horas después de que se inscriban las listas, el 25 de junio. En esas elecciones de gobernador, Juntos por el Cambio lleva a Luis Juez como candidato. Toda la prédica de Juez es, obviamente, contra los años de gobierno de Schiaretti. Y ahora, desde el partido nacional le dicen a los cordobeses que Luis Juez trata de conquistar hablando mal de Schiaretti, que Schiaretti es una figura aceptable ¿Cómo le explican esto a Luis Juez? No hay forma de explicárselo. Por eso estalló la reunión de Juntos por el Cambio que se realizó a primera hora de la tarde del lunes.

Fue una reunión frustrada. Pero es importante todo el ritual que viene ahora, porque para incorporar a un nuevo partido, según la reglamentación que dieron los mismos dirigentes de Juntos por el Cambio, tiene que haber una unidad y por lo tanto, unanimidad dentro del Pro. Quiere decir que el país va a asistir a una enredada polémica institucional interna en el Pro.

Este lunes, en esa reunión aparecieron Ricardo López Murphy, y Alberto Asseff, que presiden dos partidos que no son fundadores de Juntos por el Cambio. Pero estaba Pichetto que tampoco es uno de los fundadores. Además, apareció también Juez, que obviamente se subió al auto en Córdoba y vino enfurecido a la Capital Federal a decir que lo estaban traicionando.

Gerardo Morales, presidente del radicalismo, pidió a López Murphy y Asseff que se fueran porque eran ajenos. Y dijo después públicamente que a él nadie le hace un piquete. Está ironizando sobre la animadversión de Bullrich por los piquetes. Y dijo algo más que la que mandó gente a presionarlos fue Bullrich. En este caso también, si hablamos de coherencia, en noviembre de 2021, Morales decía que quería formar una fórmula con Bullrich. La coherencia vence pronto.

¿Qué intereses hay en esta jugada? La idea de Larreta es decir que quiere estar en el centro, hacer un movimiento importante. Algo que a lo mejor tenía pensado para más adelante lo hace ahora. Sin consultar a nadie de su partido, para desequilibrar una interna que está muy pareja electoralmente entre él y Bullrich. Que él decía que quería un acuerdo con un sector del peronismo en el cual está Schiaretti, Bossio, Randazzo. Pero lo hace ahora, adelantándose, aún pagando un costo, que es el costo de esta polémica. ¿Le saldrá bien? ¿Conseguirá que los órganos de conducción del Pro se lo aprueben?

Schiaretti ya cobró: en medio de la elección cordobesa, los compañeros de sus adversarios de Córdoba lo están buscando para incorporarse. Él ya tiene para decirle a los cordobeses, que lo que dice Juez es falso, porque los amigos de Juez lo buscan a él. También hay que preguntarse si en esta jugada no hay alguna desesperación de Schiaretti por cómo le están haciendo a su candidato Martín Llaryora en Córdoba. Eso sí: que no llegue a ganar Juez en Córdoba, porque ahora no le debería nada a nadie. Se va a transformar en un problema para el peronismo cordobés, y se va a transformar en un problema para los que quieren hacerse socios de Schiaretti antes de la elección de Córdoba.

¿Hay un pacto político entre el radicalismo y el peronismo de Córdoba, al que tal vez Larreta sea ajeno, entre Schiaretti y Morales, para que Juez, que es una especie de outsider, algo parecido a Milei, no termine tomando el poder en Córdoba? ¿Qué pasaría con el radicalismo de Córdoba si fuese gobernador de Córdoba? ¿Qué pasaría con ese electorado? Y ni que hablar de qué pasaría con Schiaretti.

De nuevo, si Schiaretti es candidato a presidente ¿le saca votos a Bullrich o le saca votos a Larreta? Si le saca votos a Larreta ¿por qué Larreta lo trae? Porque probablemente no cree que sea candidato a presidente. Porque probablemente haya pactado algún otro lugar en su tablero ¿Candidato a vice? Raro, porque el que quiere ser candidato a vice de Larreta es Morales, y por eso esta asociación. Tal vez candidato a jefe de Gabinete.

La gente de Larreta da un argumento bastante contundente: Schiaretti no puede ser candidato a presidente, y solo hace esto para estar bien en Córdoba, porque para ser candidato a presidente en una interna se necesitan por lo menos U$15.000.000. Es una cifra. ¿Schiaretti querrá ir como embajador a Italia?

El gran problema es si se pueden conectar estas peleas entre políticos, en un momento en que la política parece no tener encanto, con los intereses de gente que en las encuestas cualitativas empieza a llorar, debido a que las prestaciones del Estado, las prestaciones de los gobiernos, las prestaciones de la política son calamitosas. Es decir, se corre el riesgo de que el comensal del restaurante acceda a la cocina, que es lo que estamos viendo, y que en la cocina no haya toda la prolijidad que uno espera. Ese es el riesgo de este tipo de discusiones cuando no logran atarse a valores. Cuando primero se toma la decisión y después se inventan los argumentos. Que es algo muy frecuente hoy en la escena política.

Esta crisis es importante porque a veces en estas enemistades, cuando primero se actúa y después se piensa, se desatan dinámicas que terminan decantando en situaciones que no eran las que pretendían los actores cuando las desataron. ¿Qué pasaría si todo se rompe? Todos dicen “nadie quiere romper”, pero a veces las cosas se rompen sin intención. Si uno mira la política española, si uno mira la política chilena, si uno mira la política peruana o ecuatoriana, lo que hay es fragmentación. Nadie quería romper, pero donde había dos ahora hay cuatro. En Chile, en España… ¿Cómo se produjo? Nadie sabe. “Yo no lo quería hacer, pero se rompió”, dicen.

En el mundo de Bullrich, dicen, Larreta está haciendo todo esto para poder irse de Pro con los radicales, Carrió y un sector del peronismo. En el mundo de Larreta dicen que la intransigencia de Bullrich es porque quiere romper e irse con Macri junto con Milei. Ellos se imaginan que puede haber una ruptura. Nota al pie de página: si imaginan tanto, ¿hablarán entre ellos o cada uno está teniendo una hipótesis equivocada sobre el comportamiento del otro?

Mientras tanto, sigue habiendo movimientos cotidianos en esta lucha por el poder. Por ejemplo, la versión más novedosa de las últimas horas es que Patricia Bullrich le habría ofrecido ser el candidato a vicepresidente de su fórmula a Facundo Manes. Y que si Facundo Manes, que no decidió, llegara a decir que no, Bullrich está pensando en Maximiliano Abad, el presidente de la Unión Cívica Radical de la Provincia de Buenos Aires. Un problema ahí: porque Abad es socio de Diego Santilli, y en el fondo es socio de Larreta. ¿Cómo haría Abad para llegar hasta Bullrich, pasándole por encima a Santilli, que es su candidato, hasta ahora, a gobernador? Empiezan a enredarse todos estos hilos. ¿Encontrarán un método para zanjar diferencias?¿Hay alguien cuidando el conjunto en Juntos por el Cambio o es una guerra donde lo faccioso domina lo general?

No hay que preguntarse solamente por Juntos por el Cambio. Miremos al Gobierno, miremos al oficialismo, y está en una situación bastante parecida si no peor, sobre todo porque son gobierno.

Hubo un viaje de Sergio Massa, Máximo Kirchner y una cantidad de funcionarios a China. Lo más importante del viaje es un llamado que le habría hecho Máximo Kirchner a Axel Kicillof para reprocharle que en una entrevista haya dicho que la fórmula de la provincia de Buenos Aires ya está definida. Y esa fórmula es Kicillof-Magario. Es decir, repiten la fórmula de hace cuatro años. ¿Qué le molestó a Máximo Kirchner? Algo que le debe haber molestado también a su madre, Cristina. Que con esa definición que dio periodísticamente, Kicillof despejó una incógnita importante: que él no va a ser candidato a presidente. Daría la impresión de que Cristina Kirchner y Máximo Kirchner no tienen todavía resuelto si va a ser o no candidato a presidente, o por lo menos no tienen resuelto si quieren decir que no va a ser candidato a presidente. Se nota que la voz de Máximo Kirchner tiene gravitación en Kicillof, porque al otro día salió a aclarar que nada está definido. Alguien le explicará a Verónica Magario.

¿Cuál es el centro del problema para Cristina Kirchner, que es la que pretende definir este esquema de candidaturas? Cristina Kirchner parte de una premisa, de la que hablamos al comienzo: “Vamos, probablemente, como Frente de Todos, hacia una derrota. Por lo tanto, lo que hay que priorizar es a dónde vamos a pasar los próximos cuatro años -que ella supone, razonablemente, que van a ser de ajustes-. ¿Desde dónde vamos a enfrentar al próximo gobierno? Desde la provincia de Buenos Aires. A partir de esa premisa, ella piensa así: “No tengo que elegir al candidato a presidente que gane la nación, sino al que gane, como candidato a presidente, la provincia de Buenos Aires. Tengo que preguntarme cuál es el candidato a presidente, de los que yo dispongo, más aceptable para los bonaerenses”. Por eso no está descartada todavía la candidatura de Kicillof. A pesar de que Eduardo Wado De Pedro, mientras Máximo Kirchner y Massa estaban en China, realizó un enorme esfuerzo para ganar protagonismo, para adquirir más consistencia, más densidad.

De Pedro es un candidato que en las encuestas del gobierno mide ocho por ciento. Que cuando uno dice, “Wado, el de Cristina”, mide 16%. Contra una Cristina que, sola, mide 24%. Wado de Pedro ya convocó. Hay una nota muy buena de Maia Jastreblansky en LA NACION, donde cuenta el equipo de campaña que está armando De Pedro, como si la suya ya fuera la candidatura que va a bendecir Cristina. Además contrató a algunas empresas, expertas en comunicación y en publicidad, con mucha tecnología, que han trabajado tradicionalmente con el kirchnerismo, para poner en rodaje, su candidatura. De tal manera que Cristina, el 24 de junio, o unos días antes, cuando haya que inscribir las candidaturas lo pueda tener en cuenta.

Entre esos movimientos, habría habido uno muy interesante, que para los que entienden del tema no es del todo sorprendente, y tiene que ver de nuevo con Manes. A través de un intermediario, Wado de Pedro también le habría ofrecido a Manes la candidatura a vice, lo cual indica que está pensando en otro formato. Y es verosímil porque tienen una vieja relación personal. Manes está siendo requerido.

Todo esto lo miraba, hasta anoche, Massa desde China. Donde se comportó como una especie de presidente. Tiene mucho que agradecerle Alberto Fernández a Massa, porque en su hiperactivismo, en su negación de las enormes dificultades con las que le toca operar, de que está al borde del abismo, a punto de caerse todo el tiempo, le pone un tono al gobierno que disimula la depresión, el vacío de poder que hay en la presidencia. Y hasta genera en los distraídos una expectativa que hace que duden y piensen: “Entonces, no están tan mal”. Claro, después los distraídos empiezan a mirar los números y se dan cuenta de que están muy mal.

En esta tarea de fingir éxito, Massa también hace creer que Cristina le debe las últimas decisiones judiciales que la han beneficiado en la denominada causa de la ruta del dinero K. La más importante es la decisión del fiscal Guillermo Marijuan de pedir su sobreseimiento. Como otros querellantes, como la UIF o la AFIP no siguieron con la querella, el juez Sebastián Casanello tuvo que decir algo así como “bueno, si nadie la acusa, ni el fiscal, la voy a sobreseer yo también. Esta es la novedad de las últimas horas.

Sin embargo, los que conocen bien Comodoro Py dicen: “Que no se le atribuya a Massa este ‘mérito’. Cristina sabe que no se lo debe a Massa”. Los que conocen bien la trama interna de tribunales dicen: hay que mirar a Carlos Beraldi, el abogado de Cristina. ¿Porque Beraldi fue uno de los que introdujo hace muchísimos años a Marijuan en el mundo de los tribunales, como colaborador, y después como fiscal? Puede ser, eso genera corrientes de afecto, de simpatía, un vínculo. Pero dicen que hay que mirar a Beraldi no como antiguo padrino de Marijuan sino en la calidad de abogado de Cristóbal López en la causa Oil Combustibles, donde el fiscal es Marijuan y la jueza María Servini de Cubría. Parecería que ahí Marijuan trabó una relación muy amigable con Cristóbal López, que estaría detrás de estas decisiones que el fiscal toma a favor de la señora de Kirchner . Muy similares a las que tomó a favor de Cristóbal López en esa investigación, en la que Marijuán empezó a aparecer como una especie de verdugo implacable del macrismo, del mismo modo que cuando andaba con las excavadoras por la Patagonia buscando plata, era un verdugo implacable del kirchnerismo. Acá hay otro problema: a los fiscales y a los jueces sí hay que pedirles coherencia. Pero ellos también parecen comportarse como políticos: cambia el contexto y cambia la idea.

Cristina Kirchner está esperando los resultados de Tucumán. Cree que allí va a haber una elección extraordinaria. Faltan pocos días, es el próximo domingo, y ella piensa que a partir de ese triunfo va a tener un clima más favorable para anunciar su oferta. Ahora bien, en Tucumán hay un problema que está afectando la elección, y es el cambio de fechas. La elección iba a ser en mayo y ahora se corrió a junio por decisión de la Justicia. Manzur también tuvo que renunciar a la candidatura a vicegobernador Juan Manzur, por una decisión de la Corte Suprema. ¿Por qué el cambio de fichas es tan importante? Porque Osvaldo Jaldo, el gobernador que pretende reelegir, y Manzur -esto cuentan en Tucumán-, ya habían repartido toda la plata que había para la elección. Y ahora los punteros y la gran maquinaria que tiene el peronismo en Tucumán, que tiene que trabajar por sus candidaturas, dicen: “Escuchame Jaldo, escuchame Manzur, ya nos gastamos la plata. No fuimos tan previsores”. Esa plata es un bien perecedero. Ahora quieren esa plata de nuevo.¿Cómo juntar semejante cantidad de plata? Hasta para Manzur es un problema. En Tucumán, dicen, en la semana en que hay elecciones se acaban los pesos, de tanta plata que hay que repartir. Así que no se les ocurra a Horacio Rosatti, a Carlos Rosenkrantz, o a Juan Carlos Maqueda volver a cambiar la fecha, aunque todavía pueden hacerlo, porque los pondrían de nuevo en otro gasto, con ese bien perecedero que es la plata de campaña.

Hay un termómetro mucho más importante para que decida Cristina cuál es su capacidad electoral, y son las reservas del Banco Central. El viaje a China fue mediocre, sin grandes novedades. Tenían que traer una novedad de vuelta y no la consiguieron, que es que el Banco de Desarrollo de los Brics -integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- financie a empresas brasileñas para que exporten bienes a la Argentina sin consumir dólares del Banco Central para pagar lo que serían esas importaciones. Le dijeron a Massa: “Eso lo vamos a tratar, Sergio, en agosto, y probablemente antes tengas que entrar al banco, y para entrar al banco tenés que ser Bric”. Es decir, lo mandaron a un trámite larguísimo, en agosto, cuando ya está todo jugado. O sea, ese trámite fracasó. Más allá de que Dilma Roussef, gran amiga, es la presidenta de ese banco. Casi le dijo a Massa lo mismo que le dijo Lula a Alberto Fernández, en Brasilia: “Hay cariño, pero no plata”.

El swap de reservas, por el cual se pueden usar yuanes en las operaciones de comercio exterior, fue ampliado. Pero el monto sigue siendo el mismo, 19 mil millones de dólares. Ahora se puede disponer de un poco más. Pero eso no significa nada porque el swap no agrega reservas, en todo caso, permite morigerar un poco la recesión que implica importar menos, porque no tenemos dólares. Las reservas del Banco Central se siguen evaporando, porque el problema es la brecha. La relación disparatada que hay entre el dólar paralelo y el dólar oficial, que hace que los importadores adelanten importaciones y que, sobre todo, los exportadores no ofrezcan dólares. Esto, que es el problema central de Massa, no se resuelve porque en vez de dólares usemos yuanes.

En el entorno de Massa, en un intento por mostrar un éxito, dijeron: “Dos grandes importadores como son Rubén Cherñajovsky, de Newsan, y Nicolás Caputo, de Mirgor -los dueños del gran negocio que es Tierra del Fuego- aceptan importar desde China en yuanes y no en dólares”. Es una noticia emocionante hasta que uno la entiende. Lo que están diciendo es que les darán los yuanes, con prioridad, a Cherñajovsky y Caputo, porque dólares no hay. No hay un mérito de esos dos empresarios, en realidad hay un privilegio. Lo que nos están comunicando es que, de los yuanes disponibles, los primeros se los van a llevar ellos dos. ¿Por qué? ¿Porque financian campañas electorales?.

Hablando de Caputo y de campañas. ¿De qué habrá hablado con Mauricio Macri, su viejo amigo, el martes pasado en Happening de la Costanera? Había tensiones entre ellos. Pero más importante todavía, Caputo es uno de los grandes engranajes del mecanismo de recaudación y financiamiento de la campaña de Larreta. No vaya a ser que Larreta se quede sin plata.

El problema, entonces, es que este programa económico ajusta por recesión, porque importar es cada vez más difícil, y sin importaciones no hay bienes de capital y no hay insumos. Y tienen que ir administrando los dólares o los yuanes como un suero para favorecer esas importaciones, y que las fábricas no terminen quebrando o cerrando.

Ya que es tan difícil importar, se multiplican las cosas raras. Dicen que hay un hotel chiquito, en Puerto Madero, donde, aparentemente desde la Secretaría de Comercio que dirige Matías Tombolini, alguien le dice al que necesita importar: “Pedí la llave, andá a tal cuarto, que nosotros no vamos a estar. Entrá en el cuarto y dejá la plata.. Que no haya contacto físico, asepsia total. ¿Cuál será el hotel? Pronto lo sabremos.

Así como aprietan a los importadores, se aprieta también a las provincias. Lo vemos en un cuadro de Fernando Marull. Como a las empresas que tienen que pagar deuda en dólares afuera, a las provincias les dicen: “¿Quéres pagar? Usá tus dólares”. Hay algunas que tienen dólares depositados, que los pueden usar para pagar el 60% de la deuda que va venciendo. Y hay otras que no. Entre las que no, hay una muy importante: Córdoba, que tiene depósitos por 147 millones de dólares y tiene que pagar 155 millones de dólares, que es el 60% de lo que le vence. Por lo tanto, se queda con un rojo de nueve millones de dólares. ¿Tendrá algo que ver esto con el acercamiento de Schiaretti a la oposición?

La candidatura de Massa sigue estando con el mismo problema, con viaje a China o sin viaje: los vencimientos con el Fondo. Según los datos de Marull, Massa tiene desembolsos en junio del 2023, por 3993 millones de dólares. Por capital 2681 tiene que pagar. Quiere decir que le desembolsa 3993 y paga 2681,al gobierno le quedan 1312 millones. Pero en julio no le entra nada y tiene que pagar 2628: ya está 2000 millones abajo en julio. En agosto no entra nada, pero tiene 766 millones de dólares que pagar. Queda 346 millones de dólares abajo. Y así sigue la cuenta hasta qué en noviembre está 1240 millones de dólares en rojo en la relación con el Fondo Monetario. ¿Le van a adelantar todos los desembolsos para que esta cuenta no muestre rojos en medio del proceso electoral? El Banco Central tiene seis mil millones de dólares de reservas brutas, que incluyen los depósitos de la gente. Esta es la cornisa por la que camina Massa, que no se resuelve pagando importaciones con yuanes. Porque el mercado mira esto y la brecha se amplía. Por un programa, y acá hay que decir algo en favor de Massa, mal diseñado, que negoció Martín Guzmán. Según un cálculo de Alfonso Prat-Gay, entre marzo del 2023 y febrero de este año, los desembolsos eran de 17.500 millones de dólares y los pagos 14.007. No significa que Guzmán supiera que se iba a ir. Pero en el primer año de marzo a febrero de este año, se garantizó un saldo positivo de 3493. Estamos hablando de la plata del Fondo, que son Derechos Especiales de Giro (degs, en inglés). Son 4693 millones. En cambio, entre marzo de este año y febrero del que viene, que es el período que estamos atravesando, los desembolsos del Fondo son 14 mil millones de dólares en Degs, contra 12.791 millones de Degs. Massa está 791 millones de degs abajo, que en dólares son 1050 millones de dólares. En consecuencia, le juega también como viento en contra el diseño del programa.

Este es el problema de la economía, que le pega a la gente, nos pega a todos todo el tiempo, porque del dólar depende la inflación. El desencanto con la política, produce conflictos en los partidos. Las tensiones que vemos en el Gobierno y en Juntos por el Cambio.

Hay un artículo excelente que publicaron los politólogos, Rodrigo Barrenechea, y Alberto Vergara sobre Perú, pero va más allá de Perú. Ellos sostienen que las democracias pueden debilitarse por autoritarismo, concentración del poder, como sucedió en muchas democracias latinoamericanas en la década pasada. Pero también los autores dicen que la democracia se puede debilitar por fragmentación. Donde la política empieza a fragmentarse, la representación parlamentaria empieza a fragmentarse, y para mover una piedra ya no se cuenta con la fuerza que se necesita, o donde para hacer reformas, no hay la masa crítica que la política requiere. Eso también mata a la democracia. Por eso hay que mirar no si hay o no internas en los partidos políticos, es deseable que las haya y que haya argumentos y discusiones. Lo que interesa es la calidad de esas internas, el nivel de lucha facciosa. Si no se termina pulverizando lo que hace pocos meses parecía invulnerable.

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